¿Infórmate?

ÁLVARO CUEVA

ÁLVARO CUEVA

ÁLVARO CUEVA
ÁLVARO CUEVA

Yo, como usted, me la he pasado viendo, en los últimos días, a todas horas, en todos los canales, un montón de spots del gobierno sobre las diferentes reformas que se han estado autorizando.

Que si vamos con el peluquero para que nos explique la reforma energética. Que si mira a los maestros hablando, entre frases célebres, de la reforma educativa.

Me encantaría poder sentarme con usted a hacer un análisis de cada uno de estos mensajes, pero por alguna extraña razón en las tribunas donde antes se revisaban este tipo de cuestiones, ahora se habla de todo menos de eso.

Y son tantos spots, sobre tantas reformas, en tantos tonos y con tanta información que yo necesitaría varios programas completos para medio abarcarlos y nadie estaría dispuesto a sostener algo tan largo.

Lo que sí le quiero decir es que aquí hay nota, una nota que de tanto estar todo el tiempo con nosotros ya la vemos como algo cotidiano, como algo normal.

No, señor. No, señora. No es normal que ningún gobierno del mundo tenga tantas campañas al aire sobre tantas cuestiones tan fundamentales, que sean tan malas y que nadie diga nada.

Vámonos por partes para que estemos en la misma frecuencia: ¿a qué me refiero cuando le digo que son tantas campañas sobre tantas cuestiones tan fundamentales?

A que no nada más estamos viendo “anuncios” sobre la reforma educativa. No, también estamos viendo “comerciales” sobre las otras reformas.

Y ni modo de decir que la reforma hacendaria es una frivolidad o que la reforma energética es más o menos importante que la reforma educativa.

¿Resultado? Estamos recibiendo muchos estímulos sobre muchas cuestiones enormes en muy poco tiempo. No hay manera de asimilar semejante torrente de ideas y de emociones. No la hay.

¿Qué hace uno ante esto? Se bloquea y en lugar de reflexionar sobre lo que está mirando, se distrae.

¿Con qué? Con el logotipo de Pemex que trae el señor que trata de convencer a su mujer de que con la reforma energética bajará el recibo de la luz o con los chistoretes de los oficinistas que se niegan a decir cuánto ganan para que no les vayan a cobrar más impuestos con la reforma hacendaria.

¿Qué le trato de decir cuando le comento que estas campañas son malas?

Que lo son. Ojo, no estoy hablando de las reformas, estoy hablando de las campañas.

Si fueran buenas, usted y yo, después de verlas, nos enteraríamos de algo y nos sentiríamos mejor, más tranquilos, satisfechos.

Al contrario, las vemos y no nos enteramos de nada y, lo más penoso, nos sentimos ofendidos.

Las campañas que nuestro gobierno está manejando para informarnos sobre las reformas son ofensivas.

Si usted se fija con cuidado, todas tienen un elemento en común: parten del supuesto de que los ciudadanos de este país somos chismosos y que no sabemos de lo que estamos hablando.

Perdón, pero yo no creo que los mexicanos seamos así ni que nos merezcamos ese trato.

Es como si la autoridad estuviera marcando una distancia con sus spots, como si nos estuviera diciendo “yo sí sé, tú no sabes, y como yo sí sé, no me critiques, porque quien me critica no sabe”.

En resumen: “Ay de ti si me criticas. Eso significa que estás mal, que vales menos, que nomás hablas por hablar, que estás contra el progreso de México. ¡Cállate! ¡Déjame trabajar!”

Por lo mismo, todas estas campañas, invariablemente, incluyen o rematan con la expresión “¡Infórmate!”

¿Por qué, en lugar de rematar sus “anuncios” con la expresión “¡Infórmate!”, el gobierno no utiliza esos espacios precisamente para eso, para informarnos?

No sé usted, pero yo sí he tratado de informarme y no sabe lo que he sufrido.

Primero, las pocas páginas oficiales de internet que ofrecen información sobre las reformas no dicen nada.

Son como ponencias escolares con puras frases cortas que o no profundizan en ningún tema o que obligan a la gente a estar a favor de algo nada más porque sí.

En la reforma educativa, por ejemplo, dice que habrá escuelas de tiempo completo, pero no dice cuáles, cómo, dónde. Nada. Las habrá, porque las habrá y te aguantas.

Y en la energética hay todo un apartado que le pide a uno que se tome fotos y que las mueva en Twitter usando el hashtag #ReformaEnergéticaSí porque hay que apoyar esto. Punto.

¿Eso es informar? No, yo creo que es una grosería. ¿O usted qué opina?

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