Según Peña México es Disneylandia, todo es bonito, todo es progreso y todo es optimismo

Álvaro Cueva

Álvaro Cueva

Álvaro Cueva
Álvaro Cueva

Hace un año comenzó el gobierno de Enrique Peña Nieto y no sé usted, pero a mí no me ha ido mejor ni he notado algún cambio en mi vida ni nada de nada.

Sí es importante que digamos esto, que lo discutamos y que lo compartamos, porque siempre que hay elecciones las promesas van y las promesas vienen.

Y lo más triste es que nunca falta el ingenuo que cree que si gana tal o cual personaje de tal o cual partido, las cosas van a cambiar mágicamente.

¡Sí, cómo no! En cuestión de minutos México se va a convertir en Estados Unidos, en Alemania, en Suiza o en Corea. ¡Sí, cómo no!

¿Qué tanto ha cambiado su vida desde que Enrique Peña Nieto nos está gobernando? ¿Qué tanto ha mejorado? ¿Ahora usted gana más? ¿Ahora le alcanza para más?

¿Sí le va mejor con los recibos de los servicios básicos? ¿Sí le va mejor con la gasolina? ¿Sí le va mejor con los impuestos?

¿Cómo se siente usted en términos de seguridad? ¿De casualidad no lo han asaltado en el último año?

¿No le ha tocado alguna balacera? ¿No ha vivido algún secuestro? ¿Por pura coincidencia usted no vive en alguno de esos estados que ahora calificamos como ingobernables?

Platíqueme de su salud y de su educación. ¿Cómo le fue en este primer año con los servicios de salud? ¿Lo atendieron bien y a tiempo o tuvo que parir en el pasto, como ciertas mujeres que vimos por ahí?

¿Y los medicamentos? Ahora sí está encontrando todos los medicamentos que le están recetando en el sector salud, ¿verdad? Ahora no tiene que quedarse con las ganas de darle continuidad a su tratamiento o poner dinero de su bolsillo, ¿verdad?

¿Y qué ha pasado en los últimos 12 meses con su educación y la de sus hijos? ¿Ahora están aprendiendo más que antes? ¿Han tomado más clases?

¿Les han enseñado otras cosas? ¿Les están enseñando mejor? ¿Ahora sí somos la nación competitiva que le va a dar en la torre a países como Japón por nuestra excelencia en matemáticas?

¿Ahora sí somos el país culto donde se leen más libros que en ninguna otra parte y donde los grandes debates son sobre arte y literatura?

Yo debo ser el hombre más amargado del mundo, pero no siento que esto haya mejorado, no siento que la pobreza haya disminuido y no siento que las oportunidades se hayan incrementado.

Lo único que siento es que ahora casi no se habla de lo malo. Sí, de repente se dan noticias muy terribles, pero es solo de ciertos estados que, o son gobernados por partidos ajenos al PRI o tienen antecedentes que van contra el PRI.

El resto de México es Disneylandia. Aquí todo es bonito, todo es progreso, todo es optimismo. ¡Guau! ¡Qué cosa tan hermosa!

Salvo honrosas excepciones, ya no veo el atascadero de sangre que veía antes en los medios tradicionales, pero en las redes sociales las cosas siguen siendo más o menos las mismas. ¿Entonces?

Lo único que he oído, del 1 de diciembre de 2012 al 1 de diciembre de 2013, han sido discursos y discursos sobre la reforma de no sé quién y sobre la reforma de no sé cuántos.

Reforma, reforma, reforma. Nos convertimos en el país de las reformas. Tal parece que, antes, todo estaba mal, que nada funcionaba, que íbamos derechito al infierno.

A ver, ¿entonces cómo fue que conseguimos tantas cosas? ¿Cómo fue que sobrevivimos en las últimas décadas? ¿Cómo fue que usted y yo llegamos hasta donde llegamos?

Este gobierno lleva un año ofendiéndonos con la idea de que estamos mal. ¿Por qué?

¿No sería mejor que nos dijera hacia dónde nos quiere llevar? ¿No sería mejor que nos dijera por qué esa obsesión por reformarlo todo y tan rápido?

Si quitamos el tema de las reformas, no queda nada del primer año del gobierno de Enrique Peña Nieto. No hay algo de lo que podamos hablar, algo de lo que podamos presumir. ¡Nada!

Tuvimos protestas, tragedias naturales, lo de siempre, pero no hay un acto heroico que podamos destacar, un evento que haya cambiado la historia de la nación en positivo, una gran obra que podamos presumir.

Y si nos metemos en nuestras historias personales, nos podemos poner a llorar. El miedo sigue, solo que ahora no nos alcanza el dinero.

¡Ah, pero qué tal las frases célebres! ¡Ah, pero qué tal de pactos (que ya no son pactos)! ¡Pero qué tal de reformas! ¡Pero qué tal de promesas!

Hace un año comenzó el gobierno de Enrique Peña Nieto y yo no veo claro. ¿Usted sí?

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